Opinión
Que bonita la vida
Me reconforta saber que, a estas alturas, creo que no acabaré en la más absoluta miseria
Yo, que siempre he sido un tipo soñador, ecléctico, idealista, amante de la creatividad, nunca habría imaginado los diversos retos —por decirlo suavemente— que me depararía la vida para ponerme a prueba. Me reconforta saber que, a estas alturas, creo que no acabaré en la ... más absoluta miseria.
Y no estoy siendo para nada irónico ni cínico. Para nada. No estoy impregnando el artículo de altas dosis de sarcasmo para combatir esa desidia que empieza a invadirnos a la mayoría de los ciudadanos que habitamos ¿Europa?
No estoy utilizando el sarcasmo, por Dios, faltaría más. Con las cosas tan serias e importantes que venía yo a comentar en este artículo.
Por ejemplo, el precio de la gasolina, ¿no? Eso es muy importante. El noventa por ciento de lo necesario para la supervivencia humana lo transportamos utilizando gasolina. Es lo que viene siendo el transporte de carga pesada.
Anda, la gasolina, que se va a poner —si todo sale bien, fíjense— a unos 2,50 euros el litro. Qué bonitos son los paseos a pie. Empiezo a pensar ahora en esos paseos que tanto nos cuesta hacer por falta de tiempo, por la celeridad de nuestras vidas, y que nos vamos a ver abocados a convertir en una obligación cuando todo se ponga negro como la gasolina.
Qué bonito eso de poder disfrutar de un paseo diario de hora y media hasta el trabajo y otra hora y media de vuelta. El que tenga unas vistas bonitas para hacerlo, claro.
Si es que muchas veces lo pienso, de verdad. Qué bonita es la vida y qué mísero se siente uno al no poder verla así de bella, en todo su esplendor, cuando sale del supermercado, por ejemplo.
Para comprar cosas básicas: leche, huevos, legumbres, cosas así que antes ni nos planteábamos que pudieran encarecerse tanto, que pudieran hacernos pasar hambre. Ya llegará esa bella estampa como sigamos así.
¿Saben cuántos españoles hay que están comprando menos comida porque no llegan? Porque no les llega. ¿Son ustedes? ¿Conocen a alguno?
Qué pena no poder disfrutar de escribir un artículo como este porque uno tiene que pararse por ese dolor en el centro del pecho. Por ese futuro. Que bonita la vida.