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Opinión

Nos quedan esperanzas

Las armas sin filos de nuestras sociedades que posibilitan que la comunicación se convierta en un ciego, pero avieso algoritmo, no son malas ni perversas por sí mismas

José María Esteban

Caminamos por un mundo tecnológico engullido por la cibernética y los valores de sumas económicas. Tememos que nuestros nietos pierdan un planeta más reflexivo, leal y con mayor dotación de moral y ética. Es como ir hacia un oculto precipicio imposible de sortear, que nos ... impide ser quienes somos. Lo comprobamos ahora con esa gran droga que es el móvil, que nos tiene roto el cuello tropezándonos, como si fuéramos torpes reptantes. Está bien que vengan las herramientas y nos hagan progresar con rapidez y conocimientos aplicados incapaces de retener en nuestra, cada vez más difusa memoria. Obtenemos grandes ventajas, pero quienes los proporcionan, sea el dueño de la empresa de redes de llegada; de la antepenúltima letra del alfabeto; o de Google y otras artes del hipnotismo inseguro y pagado, van a lo que van.

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