Patrimonio Mundial, no, gracias
El lastre del sello. Hartos de turistas y limitaciones, algunos lugares protegidos solicitan ser excluidos de la lista de la Unesco
Mientras que ciudades, monumentos y paisajes de todo el mundo compiten por ingresar en la prestigiosa Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, otros quieren ... abandonarla. Lo que para muchos supone visibilidad internacional, prestigio y acceso a financiación, se traduce para otros en masificación turĆstica, restricciones urbanĆsticas y conflictos con la población local.
Como los chefs que renuncian a sus estrellas Michelin, hay quien reniega de la catalogación de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Como los habitantes de una diminuta aldea de Eslovaquia y los de un paraĆso natural de Tanzania, hartos del turismo masivo. Como cualquier divorcio, no es fĆ”cil.
VlkolĆnec, una aldea del norte de Eslovaquia que parece salida de un cuento de hadas, quiere liberarse del lastre del sello Unesco. Sus 45 casas tradicionales de vivos colores, agrupadas en torno a un campanario del siglo XVIII, le valieron la declaración de Patrimonio Mundial en 1993. Sus apenas veinte habitantes consideran hoy que la distinción fue un penoso error. Reciben unos 100.000 visitantes al aƱo que alteran su tranquilidad cotidiana.
A unos 7.000 kilómetros de distancia, en Tanzania, la Alianza Internacional de Solidaridad MasĆ”i (MISA) reclama la retirada del Ćrea de Conservación de Ngorongoro de la lista de la Unesco. Las visitas al espectacular crĆ”ter volcĆ”nico de la reserva, uno de los ecosistemas mĆ”s ricos en fauna salvaje de Ćfrica y destino privilegiado para los safaris, han generado tensiones con las comunidades locales, que no pueden pastorear sus animales en Ā«territorio ocupadoĀ».
Pero abandonar la lista no depende de la voluntad de los residentes ni de las autoridades locales. Para que un enclave pierda la condición de Patrimonio Mundial debe desaparecer o deteriorarse gravemente lo que justificó su protección. Ocurrió en 2007 con el Santuario del Oryx de Arabia en OmÔn, el primer enclave eliminado de la lista, después de que el Gobierno redujera significativamente el Ôrea protegida para facilitar explotaciones petroleras.
Dos aƱos mĆ”s tarde se excluyó al Valle del Elba, en Dresde. La construcción del puente Waldschlƶsschen alteró de forma sustancial un paisaje cultural reconocido por la relación armónica entre el rĆo, la ciudad histórica, los jardines y las panorĆ”micas urbanas.
El Ćŗltimo desclasificado fue en 2021 la Ciudad MarĆtima Mercantil de Liverpool. En 2004 se reconoció su relevancia en la historia del comercio marĆtimo mundial, revocada tras la reurbanización del frente portuario y la construcción del nuevo estadio del Everton.
La pĆ©rdida del sello de la Unesco no ha reducido el atractivo turĆstico de estos lugares. Ni Liverpool, ni Dresde, ni Ngorongoro han dejado de recibir masas de visitantes. Pese a todo, la declaración de Patrimonio Mundial suele ser positiva. SitĆŗa en el mapa lugares poco conocidos y facilita el acceso a programas de conservación y financiación.
El problema surge cuando la protección implica fuertes limitaciones para los residentes. En Alberobello, en la región italiana de Apulia, sus famosas viviendas cónicas, los 'trulli', estÔn protegidas desde 1996. Pero sus dueños denuncian que las estrictas normas de conservación dificultan la modernización de casas, calles e infraestructuras.
La Lista del Patrimonio Mundial tiene hoy 1.248 bienes distribuidos en 170 paĆses. EspaƱa, con 50 lugares inscritos, ocupa el tercer puesto mundial, solo por detrĆ”s de Italia y China. Entre ellos figuran monumentos como la Alhambra de Granada, la Catedral de Burgos y el Acueducto de Segovia, o los Parque Nacionales de DoƱana y el Teide.
La próxima reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco se celebrarÔ en BusÔn, Corea del Sur, del 20 al 29 de julio. VolverÔn a debatirse nuevas candidaturas y estrategias de conservación, pero es mÔs que probable que no se abordarÔn las demandas de 'divorcio' eslovaca y tanzana.