La selección, la Reina Roja
Desde que España ganó la Eurocopa 2008 ha campeonado en la mitad de los grandes torneos que ha disputado
A Juan Gómez-Jurado, que presume de futbolero, quizá le perdone el lector una licencia: la Reina Roja más implacable no está en sus novelas, ... sino sobre un césped. Viste de rojo, colecciona finales y tiene una extraña costumbre: cada vez que aparece en un gran torneo, hace creer que ganar ya no es un imposible. Lo que durante décadas fue una excepción en el fútbol español se ha convertido, desde 2008, en casi una tradición.
Desde que Luis Aragonés cambió la historia de la selección en la Eurocopa de 2008, España ha disputado diez grandes torneos -cinco Eurocopas y cinco Mundiales- y ha conquistado cinco de ellos. Una cifra que resume una regularidad inédita: la selección ha ganado la mitad de los grandes campeonatos que ha disputado y todos ellos gobernando el juego. Ninguna otra etapa del fútbol español se acerca siquiera a un dominio tan sostenido.
España ha disputado diez grandes torneos -cinco Eurocopas y cinco Mundiales- y ha conquistado cinco de ellos.
Todo comenzó en Viena. La Eurocopa de 2008 fue mucho más que un título: marcó el final de décadas de complejos, de eliminaciones en cuartos o de tandas de penaltis malditas. España derrotó a Alemania gracias al inolvidable gol de Fernando Torres y descubrió que podía competir sin miedo contra cualquiera. Luis Aragonés construyó un equipo basado en la posesión, el talento y la convicción, una revolución que transformó para siempre la identidad futbolística del país. Aquel campeonato fue el primer capítulo de una generación irrepetible.
El Mundial de Sudáfrica
Dos años después llegó el mayor éxito de la historia del fútbol español hasta hace unos días. El Mundial de Sudáfrica 2010 convirtió a España en campeona del mundo por primera vez. El gol de Andrés Iniesta en la prórroga de la final ante Países Bajos trascendió el deporte para convertirse en una de las imágenes más icónicas del siglo XXI en España. El equipo de Vicente del Bosque confirmó que lo ocurrido en 2008 no había sido una casualidad, sino el nacimiento de una potencia futbolística.
La hegemonía alcanzó su cima en la Eurocopa de 2012. España firmó una de las exhibiciones más contundentes que se recuerdan en una final al derrotar por 4-0 a Italia en Kiev. Ninguna selección había enlazado antes Eurocopa, Mundial y Eurocopa de manera consecutiva. Aquel equipo dominaba los partidos, imponía su estilo y parecía jugar varios segundos por delante de sus rivales. Era la culminación del legado iniciado por Aragonés y perfeccionado por Del Bosque.
Después llegaron los años de transición. El Mundial de Brasil 2014 supuso un abrupto final para la generación dorada. La eliminación en la fase de grupos sorprendió al mundo y recordó que ningún ciclo es eterno. Dos años más tarde, en la Eurocopa de Francia, España cayó en octavos de final frente a Italia mientras comenzaba una renovación inevitable.
El Mundial de Rusia 2018 quedó marcado por el terremoto institucional provocado por la destitución de Julen Lopetegui apenas dos días antes del debut. Fernando Hierro asumió el banquillo de urgencia y la selección volvió a despedirse en octavos de final, esta vez en la tanda de penaltis ante la anfitriona. El talento seguía ahí, pero ya no bastaba para transformar las buenas sensaciones en títulos.
Unas semis para tomar impulso
La Eurocopa de 2021, disputada un año más tarde debido a la pandemia, representó un nuevo punto de partida. Luis Enrique apostó por una generación joven que alcanzó las semifinales y cayó ante Italia desde los once metros. No hubo trofeo, pero sí la sensación de que el relevo estaba en marcha y de que el futuro volvía a ser prometedor. La decepción de Catar, de la que quedó fuera por penaltis, volvió a crear unas dudas que eliminó la llegada de Luis de la Fuente.
Ese futuro se hizo presente en la Eurocopa de 2024. Con una nueva hornada de futbolistas y un fútbol valiente, España conquistó su cuarta Eurocopa y se convirtió en la primera selección en alcanzar esa cifra. El triunfo confirmó que el relevo generacional se había completado y que la Roja había recuperado su lugar entre las grandes potencias del fútbol mundial.
La confirmación definitiva llegó en el Mundial de 2026. España volvió a proclamarse campeona del mundo dieciséis años después de la inolvidable noche de Johannesburgo. Más allá del resultado, el título demostró que el éxito español ya no dependía de una generación irrepetible, sino de un modelo capaz de renovarse sin perder competitividad. Del fútbol de posesión de Xavi e Iniesta al dinamismo de los nuevos talentos, la identidad evolucionó sin dejar de ser reconocible. Y todo ello ganando a tres de las favoritas al título: Portugal, Francia y Argentina.
El título del Mundial demostró que el éxito español ya no dependía de una generación irrepetible, sino de un modelo capaz de renovarse sin perder competitividad.
Cinco títulos en diez grandes torneos resumen una era extraordinaria. Pero el dato adquiere todavía más valor cuando se observa la continuidad. España no solo ha aprendido a ganar; también ha sabido reinventarse cuando parecía que el ciclo había terminado. Ha cambiado de seleccionadores, de líderes y de protagonistas sin abandonar la élite y un estilo que ya parece innegociable juegue quien juegue y se siente en el banquillo uno u otro nombre.
El horizonte ofrece ahora dos nuevos desafíos cargados de simbolismo. La Eurocopa de 2028, en Reino Unido e Irlanda, brindará la oportunidad de intentar repetir la histórica secuencia de tres grandes títulos consecutivos lograda entre 2008 y 2012. Y el Mundial de 2030 añadirá un componente emocional único: España defenderá la corona como uno de los países anfitriones del torneo que conmemorará el centenario de la Copa del Mundo.
Hace no tanto, el fútbol español vivía obsesionado con romper maldiciones. Hoy convive con una realidad muy distinta: la de llegar a cada gran campeonato convencido de que levantar el trofeo no es una utopía, sino una posibilidad tangible. Quizá por eso la comparación con la novela de Gómez-Jurado encaja mejor de lo que parece. Porque, desde hace casi dos décadas, la Reina Roja más temida ya no corre por las páginas de un thriller: viste de rojo, salta al césped y juega con el escudo de España.