El mar se calienta y vendrán más inundaciones
Tanto la zona atlántica como la mediterránea tienen aumentos notables de temperatura cada año, lo que producirá lluvias torrenciales e inundaciones. «No se sabe cuándo pueden ocurrir ni dónde»
Madrid
El mar se calienta en el norte y en el sur español. Un estudio que analizó cuarenta años de mediciones de temperatura mostró que la ... zona atlántica tuvo un calentamiento global de 0,98ºC y el Mediterráneo aumentó 1,43ºC y constató que la estación estival se adelanta e intensifica en ambas zonas, durante ese período. «Las anomalías térmicas anuales para la serie de 40 años muestran una clara tendencia positiva a partir de las dos últimas décadas, tanto en las cuencas mediterráneas como en las zonas atlánticas, de 0,025ºC cada año, como en el Mediterráneo, con 0,037ºC por año», sostiene el artículo 'Calentamiento del mar en la Península Ibérica: Mediterráneo vs Atlántico, a partir de 40 años de imágenes de satélite', editado en 'Publicaciones de la Asociación Española de Climatología'. «En ambas zonas se observa que el calentamiento del mar se ha intensificado especialmente en los últimos diez años, registrándose las mayores anomalías en el año 2023 en el Atlántico (+1.18ºC) y en 2022 y 2023 en el Mediterráneo (+1.21ºC), respecto a la media anual de la serie». Esta semana el Cantábrico alcanzó los 25ºC y el Mediterráneo, los 33ºC.
Lo que se conoce como el «arco mediterráneo», que no es sólo la costa mediterránea, sino toda la península ibérica, también el norte, es una de las zonas más afectadas por el calentamiento global, que repercute, desde luego, en la temperatura de los mares. ¿Qué consecuencias tiene para la vida en la región? «El hecho de que aumente tanto la temperatura del mar afecta la biodiversidad y acelera los procesos climáticos. Por ejemplo, una mayor evaporación del agua produce un mayor desarrollo de episodios tormentosos o danas más intensos», sostiene Rubén Ladreda, miembro de la Fundación Nueva Cultura del Agua y coautor del ensayo 'Vivir con el río' (Pepitas editorial). «Se esperan fenómenos extremos con mayor frecuencia y con mayor intensidad. Esto tendrá consecuencias, frente a las cuales nos tenemos que adaptar».
La explicación está en el ciclo del agua. «Comienza con la evaporación de agua líquida que se encuentra sobre la superficie de la tierra, mayoritariamente el mar, que pasa a la atmósfera y se condensa con el descenso de temperatura. Forma nubes, con un flujo de gotas de agua que, cuando la acumulación es grande, vuelve a la superficie terrestre, bien sea en forma sólida o líquida», argumenta Ladreda. «Al verse sometido a una mayor intensificación por el aumento de temperatura, que provoca que haya más evaporación, se desarrollan muchos más episodios tormentosos y climáticos extremos, que pueden hacer que la precipitación sea más brusca. No se sabe cuándo pueden ocurrir ni dónde, pero sí que van a ocurrir. Esa es nuestra nueva realidad climática».
«Pueden afectar, en primer lugar, como se vio en la DANA de Valencia, la vida de las personas, que es lo más grave»
Rubén Ladreda
El principal problema mayor se concentra en algunas zonas, por las construcciones y urbanismos. «Hemos ocupado territorios inundables que históricamente no habían sido ocupados», razona Ladreda. «Las primeras civilizaciones se asentaron junto a los grandes ríos porque las inundaciones fertilizaban las riberas, y durante milenios esos terrenos fértiles se destinaban a la producción agrícola, pero los asentamientos humanos no ocupaban las zonas inundables. Con el paso del tiempo, el desarrollo de las nuevas tecnologías, la domesticación del territorio nos ha llevado a ocupar esas zonas y a modificar el territorio de una determinada manera creyendo que se eliminaban todos los riesgos. Y no es así frente a a fenómenos meteorológicos muy elevados».
Gestión errónea
Los mares del norte presentaron anomalías récord en junio y octubre de 2023 y los del sur con patrones desconocidos entre mayo y noviembre de 2022 que rozan los 30ºC. «Las aguas que rodean a la península ibérica se calientan un 67% más rápido que la media global y han registrado varios récords durante 2026 en boyas del Cantábrico, Atlántico y Mediterráneo. Es el caso de la boya de Sa Dragonera (Mallorca), que la semana pasada superó por primera vez los 33 ºC», advierte Greenpeace. Otro de los efectos del calentamiento marítimo es el debilitamiento de las brisas marinas, un 17% menos que puede alcanzar el 25% en ciudades costeras, según el artículo 'Brisas marinas mediterráneas más débiles y frecuentes en un clima más cálido'. Se produce menor enfriamiento térmico, sobre todo en olas de calor; empeora la calidad del aire, e influyen en las lluvias, «en la convección profunda de verano, la responsable de las tormentas severas».
Lluvias intensas que provocan inundaciones. «Pueden afectar, en primer lugar, como se vio en la DANA de Valencia, la vida de las personas, que es lo más grave; y provocar daños económicos importantísimos en núcleos urbanos, zonas industriales, agrícolas y de ocio», prosigue Ladreda. «Todo esto empieza con el calentamiento de las aguas, de los mares principalmente, pero también se debe a la gestión del territorio errónea, como cuando las inundaciones son de ríos. Se ve intensificada por el cambio climático, pero el origen no es ése, como las ocurridas en Bilbao en los ochenta o en el camping de Biescas en los noventa».
Esa gestión debería transitar de un modelo de «dominación de la naturaleza» por uno de «adaptación a la naturaleza», con medidas como evitar vivir en zonas inundables, recuperar las cuencas hidrográficas o capacitar a la ciudadanía para que sepa cómo reducir riesgos. «Las consecuencias del cambio climático pueden afectar la salud de las personas y la producción de los alimentos. Esto es clave. La productividad agrícola se ve claramente mermada, lo que está provocando efectos sociales como hambrunas, procesos migratorios, catástrofes humanas asociadas con una cuestión económica», finaliza Ladreda. «Las personas que menos han contribuido a esta crisis climática son las que son más vulnerables, porque no tienen la capacidad de adaptarse».