Los peluches en Japón van al spa: «Estoy hecho un trapo»
Un fenónemo en redes. Una lavandería de Tokio se hace viral por devolver el lustre a muñecos maltrechos, más de 10.000 cada año
Los peluches en Japón no sólo dan juego, también levantan pasiones. Pasiones que hace años cristalizaron en el 'nuikatsu', un fenómeno cultural profundo que les ... aleja de la categoría de juguete para convertirlos en compañeros emocionales a los que proteger, que coleccionar y fotografíar para compartir imágenes en redes sociales, generando, de paso, todo un negocio que mueve cada año 45.000 millones de yenes, algo más de 248 millones de euros al cambio.
Hace apenas unos meses una de estas 'criaturas' de felpa, llamadas 'nuigurumi', se hizo coprotagonista de una tierna historia en el zoológico de la ciudad de Ichikawa, en la prefectura de Chiba. Allí el pasado 26 de julio nació un macaco japonés, de nombre 'Punch', que buscó en los brazos de un peluche de Ikea el cariño que le negó su madre desde el mismo momento de su alumbramiento. El suceso se hizo tan viral que la cadena sueca no tardó en agotar todo su stock de Djungelskog, el complicado nombre que dio al juguete y que los seguidores del caso sustituyeron cariñosamente por el de 'Oran-Mama'.
Sin embargo, fueron tantos los abrazos que el monito propinó a su muñeco de trapo que, roto y ya demasido sucio, los cuidadores del zoo decidieron reemplazarlo por uno nuevo. Una decisión que no agradó nada al pequeño 'Punch' que se hubiera librado de tamaño disgusto si los responsables del recinto hubieran recurrido a los servicios de Cleaning Yonmarusan, la empresa que ha puesto en marcha en Japón un servicio de spa para peluches.
El negocio montado en torno a estos juguetes de felpa genera unos 248 millones de euros al año
Un Pikachu desgastado, osos de peluche machacados y otros animalillos maltrechos se han convertido en los clientes VIP de esta meticulosa lavandería, que se ha hecho viral en las redes sociales por su capacidad para devolverles el lustre.
Masakazu Shimura, un profesional de la limpieza con tres décadas de experiencia en el tratamiento de textiles de alta gama, es el rostro principal de un negocio que emplea a una docena de trabajadores y ya suma más de 10.000 clientes al año, frente a los 1.200 de hace una década. Baños suaves a mano, masajes específicos, limpieza con vapor y un cepillado minucioso son algunos de los cuidados que reciben los peluches, que han protagonizado miles de publicaciones virales en los últimos años, impulsadas por la devoción que la generación Z profesa a estos muñecos y el amor de los japoneses por todo lo que sea «lindo y tierno».
«Como si fuera un bebé»
«Mientras lavo a mano, palpo con cuidado qué tipo de material es y evalúo su estado, entre otras cosas, masajeándolo con las manos. Primero vapor, luego espuma suave... como si fuera un bebé», explica en declaraciones a la agencia AFP Shimura. Hay clientes, añade el operario, que desean conservar los arañazos o garabatos de sus peluches, marcas que a menudo recuerdan buenos momentos pasados. Y Cleaning Yonmarusan, una cadena regional de Yamanashi, al oeste de Tokio, lo respeta, porque más allá de la limpieza, lo que busca el servicio es preservar objetos con una gran carga afectiva.
Hisako Mori, relaciones públicas de la compañía, presume del eco que su actividad tiene en el mundo. Tanto que, según apunta, son muchas las personas que viajan específicamente a la 'tierra del sol naciente' «con el propósito de que les limpien sus peluches. Mientras se realiza la limpieza, disfrutan conociendo el país. Y al final del viaje recogen sus muñecos y regresan a casa», cuenta.
«Son artículos que guardan recuerdos especiales. Eso también pasa con la ropa, pero aún más con estos muñecos, que sabemos que nuestros clientes ven como miembros de su familia», añade Shimura. Porque en un país donde los niños no nacen -la tasa de natalidad cayó a mínimos históricos el pasado año, con menos de 670.000 alumbramientos-, los peluches nunca mueren.