Así se ha reinventado el nuevo rodríguez
Quedarse solo en casa mientras el resto de la familia está de vacaciones es otro clásico del verano. Eso sí, un clásico renovado que tiene reglas nuevas
La lavadora no funciona al ritmo frenético habitual. La casa, como por intercesión divina, no se desordena. El mando de la tele es tuyo y ... solo tuyo. Puedes comer lo que quieras, cuando quieras. Y lo más importante de todo, no tienes que darle explicaciones a nadie, ni recibirlas. Todo rodeado de un silencio tan atronador que, a veces, resulta inquietante. Estar unos días solo en casa es una sensación extraña para quien, habitualmente, vive en familia y, particularmente, con niños o adolescentes. Aunque puede que esta sea una experiencia universal, en nuestro país tiene un nombre muy castizo: estar de rodríguez. La expresión se popularizó tras el estreno, en 1965, de 'El cálido verano del señor Rodríguez', protagonizada, cómo no, por José Luis López Vázquez.
«El término rodríguez tiene su origen en la España de los años 60, en un contexto muy concreto marcado por el cine y por un modelo familiar propio de esa época en el que el hombre se quedaba en la ciudad por motivos laborales mientras su familia se desplazaba al lugar de veraneo. Su incorporación al diccionario de la RAE demuestra hasta qué punto esta figura se convirtió en un reflejo de una forma de organizar la vida familiar y laboral», explica la socióloga Carmen Martínez Conde, coordinadora académica del máster universitario en Orientación Educativo Familiar de la UNIR.
«Estos periodos de soledad no debilitan el vínculo familiar, sino que lo fortalecen»
Desde entonces, si embargo, el concepto se ha ampliado y flexibilizado. Ni se circunscribe únicamente al verano (aunque esta sigue siendo temporada alta del rodríguez) ni, por supuesto, tiene ya un género concreto. «Hoy hablamos de rodríguez en un sentido prácticamente neutro, aplicable tanto a hombres como a mujeres», apunta la académica. Eso sí, a menudo, ellas no lo viven igual que ellos. «Las mujeres tienden a mantener una cierta carga mental vinculada a la organización familiar, incluso en momentos de distancia», señala la socióloga. Hablamos, por ejemplo, de la tendencia a aprovechar esos días para hacer limpiezas generales o completar interminables listas de tareas pendientes.
«Si llenamos todo el tiempo libre de cosas, estamos haciendo lo mismo que el resto del año. Y si no te planificas, puedes empezar ordenando un armario y no parar hasta que toda la casa esté en perfecto estado de revista. Hay que pensar qué rato le vas a dedicar a esas tareas y tratar de hacer que sean lo más agradables y divertidas posible», explica la psicóloga Irene Fernández. Pero no todo son obligaciones. Y cada vez, menos.
Resignificando al rodríguez
Aunque la descoordinación entre los tiempos laborales y escolares siempre ha obligado a las familias a organizarse de esta manera, la novedad es que, en los últimos años, estos periodos se han resignificado como espacios valiosos para el desarrollo personal. Aunque eso, a veces, provoque sentimientos enfrentados.
«Suele vivirse con cierta ambivalencia emocional. Por un lado, pueden aparecer sentimientos de culpa o de nostalgia, especialmente cuando hay hijos; por otro, también existe la tranquilidad de saber que están viviendo experiencias positivas. Al mismo tiempo, cada vez más personas interpretan este tiempo como una oportunidad legítima de cuidado personal. Lejos de entenderlo como una simple liberación, se convierte en un espacio para descansar, reorganizarse y crecer. Desde una visión positiva de la familia, estos momentos no debilitan el vínculo, sino que lo fortalecen», explica la socióloga. Que eso pase por volver a retomar la lectura, practicar un deporte olvidado, quedar más con los amigos durante esos días, regalarse una tarde de 'spa' o levantarse un poco más tarde es una cuestión personal. «En un contexto de alta exigencia, disponer de cierta autonomía permite incorporar hábitos como la formación, el descanso o el cuidado personal que suelen quedar relegados en la rutina diaria», apunta Conde.
Nada que ver, claro, con aquel rodríguez de José Luis López Vázquez, un gris oficinista que se quedaba solo en Madrid y fantaseaba con fiestas y aventuras extramatrimoniales sin que, por 'h' o por 'b', nada de eso ocurriera. Y que se reencontraba felizmente con su familia, reconciliado con su propia vida. Un final redondo y deseable para la semana (o la quincena) de rodríguez perfecta.
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Manual para disfrutar de este tiempo a solas
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Anticípate Planifica lo que quieres hacer antes de que pasen los días y no hayas hecho nada. «Durante el año, perdemos el hábito del ocio. De pronto, tenemos mucho tiempo libre y no sabemos gestionarlo. Piensa en cómo quieres utilizarlo y qué cosas vas a hacer», aconseja Fernández.
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Aprovecha para... Volver a leer, hacer un puzle, ver películas pendientes, escuchar música, viciarte a un videojuego... «Es un buen momento para recuperar hobbies aparcados por falta de tiempo», apunta la psicóloga. Pero también para dormir más, comer lo que te apetezca, pasear o, por qué no, perder un poco el tiempo.
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Socializa «Es fácil caer en la tentación de decir: 'Ahora que tengo toda la casa para mí, no salgo'. Puede sonar apetecible, pero nos puede pasar factura en el estado de ánimo. No te aisles. Sal, relaciónate, da un paseo», señala la experta. Puede ser una buena oportunidad para ver amigos que tienes algo descuidados.
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Escúchate «¿Qué pasa cuando, de pronto, te quitan un montón de obligaciones y tienes más tiempo y más espacio para ti? Nos puede dar información muy valiosa que, normalmente, no tenemos tiempo ni espacio de observar y analizar. Es un buen momento para conocernos mejor y escuchar cómo estamos».
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